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Los laboratorios originales, de la década de 1960, eran funcionalmente obsoletos y poco atractivos. Además, el equipo y el mobiliario anticuados limitaban la enseñanza, inhibían la interacción entre los alumnos y los docentes y restringían los procesos del laboratorio. A BHDP se le encomendó establecer un equilibrio entre la cualidad estética, la funcionalidad, la seguridad y el presupuesto. Con tan solo 22 semanas y un presupuesto de construcción de $600,000 ($1,000,000 de presupuesto total) para terminar la construcción durante el ciclo académico, el equipo aprovechó la oportunidad de redefinir los laboratorios de química y la forma de enseñar en la Cleveland State University (CSU).

A partir del diseño, los tres laboratorios fijos se transformaron en dos espacios de enseñanza flexibles y sin químicos con una bodega independiente. Las paredes divisorias móviles, que también funcionan como pizarrones blancos, permiten que el laboratorio se transforme fácil y rápidamente de un gran espacio “teatral” en dos pequeños laboratorios educativos. Las estaciones de laboratorio para cuatro alumnos promueven el aprendizaje con base en proyectos, alientan la resolución de problemas en equipo y mejoran el acercamiento entre el instructor y los alumnos. Este diseño permite un mejor acceso visual a la ciencia, pues proporciona un ambiente acogedor para exhibir y promover las ciencias, en un esfuerzo para interesar a más estudiantes en explorar carreras relacionadas con ellas.